La ceremonia de convido a la tierra es un rito común para distintos pueblos andinos. Se realiza al aire libre, se coloca una manta sobre el suelo con las cuatro puntas hacia los cuatro puntos cardinales. Sobre ella hay una ofrenda aromática, que puede ser coba (incienso natural de la cordillera), palosanto, y algo que permita que este fuego no se apague durante la ceremonia, como trozos de carbón prendido. También hay un tiesto que se utiliza para ofrendar agua, licor, hojas de coca y harina. El oficiante, y luego los participantes que lo deseen, colocan un poco de estos cuatro elementos en el pocillo mientras piden y dan gracias a la madre tierra. A veces se entonan cantos, o vidalas acompañados por el sonido profundo de un tambor, para agradecer a la pacha mama, que nos da todo sin pedirnos nada.
La danza del caracol se realiza en torno al fuego central. Los participantes siguen a quien canta y lleva el tambor, tomados de la mano, haciendo un paso como zapateo hace énfasis en el contacto de los pies con la tierra. Haciendo una fila se aproximan en forma de espiral hacia el fuego, y luego la fila da media vuelta y se dirige hacia fuera, produciendo un entrecruzamiento de las personas que van hacia adentro. Esto se repite varias veces, y al final del baile, acompañado con canciones, queda una sensación de energía circular y de mucha alegría entre los participantes.
Los niños fueron quienes más gozaron con la ceremonia con el baile, que quisieron repetir dos veces. El vivir esta ceremonia para niños y adultos, puede ser una forma de guardar en la experiencia el respeto por la tierra, a quien tanto necesitamos, y por nuestras culturas ancestrales americanas, de quienes tenemos mucho por aprender.
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